La clave para lograr apertura en el trabajo es enseñarle a la gente a abandonar la idea de que hay que estar de acuerdo. El acuerdo no tiene importancia. Hay que sacar a la luz las paradojas, los conflictos y dilemas para que colectivamente podamos ser más inteligentes que individualmente. Es asà como nace el concepto de descontento constructivo.
Se ha verificado que el descontento puede ser un semillero de ideas creativas y oportunidades de crear más confianza y conexión. Aprendiendo a valorar el descontento se puede derivar de él grandes ventajas para su carrera, sus clientes y su compañÃa.
El descontento constructivo mantiene el trabajo más vivo y significativo, con un más alto sentido de que las ideas de uno están ayudando a dar forma a algo que vale la pena. Este aspecto es un llamado al aporte oportuno y constructivo, a convertir la desavenencia o el desacuerdo en un medio más para el progreso.
Se requiere habilidad y persistencia para no caer en disputas y enfrentamientos, para que a pesar de los desacuerdos se dé la escucha, evitar la parcialización y la defensa de intereses personales, etc.
En los grandes equipos el conflicto se vuelve productivo. El libre flujo de ideas y sentimientos es crÃtico para el pensamiento creativo, para descubrir nuevas soluciones a que ningún individuo habrÃa llegado. El descontento constructivo aumenta las ganancias.
El desacuerdo y el descontento son inevitables, de ahà la necesidad y a la vez oportunidad para aprender nuevas maneras de captar las energÃas creadoras que surgen cuando abandonamos la obligación de estar de acuerdo.

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